Homofobia es culpa de los homosexuales

Hay altas probabilidades de cometer errores, en la vida en general, y, más específico, en temas que para muchos son nuevos—en especial en estos casos.

Es ya sabida la típica frase, vista hasta el cansancio en los muros de familiares o amigos no muy enterados del tema, en la que se justifica el trato igualitario, o en su defecto la defensa de las mujeres ante el maltrato, con el hecho de que una mayoría ha tenido madre, tía o hermana—obviando que, el trato igualitario, se debe dar porque las mujeres, al igual que los hombres y los que caigan en otras denominaciones, son, al fin y al cabo, eso, humanos.

La intención, aunque mal dirigida, es buena—creo yo. En cuyo caso debe ser redirigida.

Algo parecido sucede con el caso de los homosexuales, caso un tanto relacionado con el título de este post. Es un misterio para algunos por qué existen los homosexuales. Y a su vez, desde el otro lado, se encuentra la curiosidad sobre el origen o causas de la homofobia. Continúa leyendo Homofobia es culpa de los homosexuales

Y si tus padres hubieran sido gays?

Hay mucho aún que recorrer para llegar a la igualdad en donde igualdad debe haber. Y sí, esto es un tanto centrado en mí, pero ahí va. La aceptación, entendida como el tratamiento—cuando menos en papel—de la homosexualidad como una condición válida y moral dentro de la ciudadanía, está aún lejos de ser alcanzada. En Perú, esto es. El matrimonio igualitario y la adopción de menores por parte de parejas homosexuales causan que muchos suban sus manos a sus sienes y se jalen los pelos.

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Owen Jones entrevista a Pablo Iglesias

Aquí va una traducción. No soy bueno traduciendo, pero creo que hace el trabajo.


Este es un gran momento. Voy a encontrarme ahora con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, el exprofesor de política que lleva una cola de caballo, cuyo partido ha transformado la política española (el partido fundado hace menos de dos años). Lo que voy a hacer es encontrarlo en Murcia, lo voy a acompañar en su bus de campaña a Valencia. Continúa leyendo Owen Jones entrevista a Pablo Iglesias

Es sobre derechos, no amor

Con esto de la legalización, el reconocimiento de la unión entre dos humanos del mismo sexo, en Estados Unidos, las páginas de redes sociales han recibido lo que creo es uno de sus picos de tráfico. A esta noticia un hashtag acompañó, #LoveWins (que se traduce más o menos como el amor gana).

Y es ante este hashtag que algunos se mostraron en contra. “Es sobre derechos, no metan el amor a esto”, decían.

Uno puede entender que se molesten porque en el plano de los argumentos se ha ganado y apelar al amor se puede percibir como un debilitamiento de estos argumentos. Pero se debe entender también que sólo argumentos objetivos, puramente lógicos, sin ninguna intervención de los sentimientos, no han logrado el cambio.
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Fahrenheit 451

Fahrenheit 451

via Amazon.com

Ésta es una novela de Ray Bradbury. Es casi imposible hablar de él y no relacionarlo con el título de este post y con las ideas que se encuentran en Fahrenheit 451.

Está dividido en tres partes. Es bastante corto. Por lo que he podido encontrar, no llega siquiera a las cincuenta mil palabras, meta del NaNoWriMo (National Novel Writing Month, o mes nacional de escritura de novelas).

Montones de los lectores de esta novela dicen que se trata sobre la censura de la palabra. Y es que el mundo descrito es uno en que los libros no son legales. El protagonista es bombero; pero esta palabra ya no se usa para denotar al hombre que va a apagar incendios, sino al que va a iniciarlos. Esto tiene mucho más sentido en inglés—fireman.

Pero Bradbury no escribió la novela con tal idea en mente. Por lo menos no directamente. Sino que él escribió esto con la idea de la televisión.

Se ha de recordar que en 1953—año en que se publica esta novela—la televisión conquistaba el suelo estadounidense. Y Bradbury era principalmente un escritor de historias cortas. Si antes ya era un tanto difícil hacerse de un nombre en ese ámbito, con la llegada de la televisión iba a serlo incluso aun más.

Porque la televisión, en gran parte, no es sino montones de imágenes que tienen como base, pues, historias cortas. Por ejemplo, las series, las telenovelas, los programas de media hora. Son eso, básicamente. Una seguidilla de historias cortas. Esto es claro en las telenovelas de media hora y es incluso más evidente en los dibujos animados—los que no solían tener mucha ilación.

Y la televisión como es retratada en el libro no es más que la perdición. La televisión mata al humano. Toda casa tiene televisión. Todos miran la televisión. Ésta mata el razonamiento. Mata el entendimiento de las analogías.

La población sin leer se ha vuelto incluso más mansa. No sabe leer entre líneas. No cuestiona nada. Se ha convertido en un perro que no entiende lo que sucede a su alrededor pero que está feliz con comer y morder su hueso.

Con esto uno también se encuentra con lo que podría ser una crítica del utilitarismo. Porque en el futuro que escribe Bradbury la gente es feliz—al igual que un perro. O, para ponerlo de otra manera, el bienestar es maximizado. ¿Pero eso está bien?

Sin embargo, probablemente el autor no haya pretendido confrontar utilitarismo contra ética deontológica. Al igual que con lo de la censura.

La idea principal es anti-televisión. Y yo creo que estaba bien clara. La televisión es tan mala que al final de la novela, una bomba llega a la ciudad en que el bombero protagonista vivía, con todos sus ciudadanos pegados a la pantalla, sin idea de sus últimos segundos de vida.

Los puntos interesantes de la historia surgen de líneas vagas. Es acaso la vaguedad en sus páginas pensada. ¿Fue hecha a propósito?

Ciertamente, la televisión no es el cuco que Bradbury creía que era. Pero la mayoría del contenido televisivo es puta mierda que funciona como Bradbury dice que funciona. De nuevo, se puede decir que la mayoría de toda producción artística hace lo mismo. Y se puede contestar diciendo que a veces para hacer comprender una idea se debe llegar a extremos.

Luego uno se sigue encontrando con gente que dice que Bradbury escribió una mala novela con Fahrenheit 451, por la tesis que propone. De ahí uno recuerda la muerte del autor. Y el libro sigue siendo bueno.

Duluth, de Gore Vidal

Este es el primer libro que tengo de Vidal. Lo compré de segunda. Y, oh dear, es una travesía llena de baches en la que te encontrarás ignorante de lo que estás mirando y de por qué (por lo menos así me encontré yo), bastante más seguido de con lo que un amante de best-sellers se sentiría cómodo. Pseudo-spoiler—es bien meta.
En Facebook ya dije que era un locón calato.
Antes de seguir he de decir que tiene partes que para algunos, en especial en goodreads—sobre todo porque es el único lugar en que he buscado reviews—puede llegar a ser racista o sexista. Más de esto, luego.
Su ataque al mundo de la palabra es despiadado. No sé cuánto tiempo tenga el chiste que se representa en un meme bastante claro—ése que muestra una habitación llena de monos apretando teclas en máquinas de escribir, en el trabajo de la creación del nuevo best-seller. Él tiene una opinión parecida en esta novela de 1983.

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